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Espacio de oficina: Cómo ha cambiado el cielo
Espacio de oficina: Cómo ha cambiado el cielo

Reflexiones sobre la edición de una revista universitaria para exalumnos


Justine Beckett for CASE



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Por Jeffrey Lott

Es la semana de producción en el Swarthmore College Bulletin, del que he sido editor durante más de 20 años. Son las 6:30 p.m. de un viernes a finales de octubre, la revista aún no se le ha enviado al impresor, y el diseñador y yo aún estábamos en la oficina corrigiendo el color y los últimos problemas editoriales, el número de otoño de 2011 está prácticamente listo.

Para cuando se publique este artículo, ese número estará en las mesas de centro de la gente (o en sus botes de reciclaje) y yo habré renunciado a la silla del editor para pasar los próximos dos años escribiendo un libro sobre el sesquicentenario de Swarthmore en 2014. Esta oportunidad me ha proporcionado momentos naturales para reflexionar, y he estado pensando mucho sobre cuánto ha cambiado el trabajo del editor de la revista de exalumnos.

Cuando me contrataron en 1990, nuestro diseñador empuñaba un cúter y una pistola de adhesivo. Mi Macintosh SE tenía instalado QuarkXPress 2.1. Mi disco duro externo tenía la grandiosa capacidad de 30 MB, el equivalente a un par de fotografías digitales de alta resolución de hoy en día. Nuestra "red" funcionaba de la siguiente manera: copiar los archivos en un disco flexible, expulsarlo y caminar al escritorio de la persona que lo necesitaba. No había Web ni correo electrónico ni fotografía digital, y nuestra impresora -la que tenía rodillos de offset- hacía todo el trabajo de producción.

Era el cielo.

Tenía tiempo para pensar. Podía ojear libros y artículos para buscar ideas para mis historias en lugar de pasarme la mitad del día batallando con el correo electrónico. Los colegios eran menos competitivos, más contemplativos, un poco más soñolientos y, sí es cierto, mucho más cerrados. La torre de marfil era mucho más lenta, menos cara, menos demandante para los profesores y para el personal, y todavía no trataba de apropiarse de cada centavo de ingresos o donaciones.

Cómo ha cambiado el cielo.

Me he convertido en un editor completamente moderno. Trabajo en una poderosa iMac con una pantalla ocho veces más grande que la pantalla monocromática de mi vieja Mac. Tengo al mundo al alcance de mi mano en la Internet. Me comunico con diseñadores e impresores de manera electrónica, sin importar si están cruzando el pasillo o del otro lado del país.

La educación superior también ha cambiado. Además de estar totalmente cableada -más bien, inalámbrica- se ha convertido en algo más empresarial. Los profesores escriben febrilmente becas y artículos, haciendo malabares para enseñar y atender las crecientes demandas de los estudiantes de proyectos independientes, experiencias de investigación en verano y recomendaciones. Las campañas de capital se montan como operaciones militares, con estrategas y consultores y todo tipo de asesoramiento de expertos. Los rectores casi nunca están en sus cómodas oficinas teniendo sabias conversaciones con viejos profesores; están de viaje, explicando, encomiando y halagando.

Mientras me alejo de esta febril competencia, hay algunas cosas que no extrañaré... y otras que temo que echaré de menos. A continuación diez de cada una de ellas:

Lo que no extrañaré

  1. Los plazos trimestrales. No puedo creer que pasé por 85 de ellos.
  2. La semana de producción. ¿Dónde están los créditos de las fotos? ¿Por qué todas las hojas son verde oscuro? ¿Por qué esta persona se ve tan anaranjada? ¿Este pie de foto es de verdad tonto o no? (Por favor, no me digan que yo la escribí hace tres semanas.)
  3. La revisión de la fuente. ¿Tenemos que mostrarles esto? ¿Qué pasa si quieren cambiar todas sus citas? ¿Por qué esta persona se ve tan anaranjada? Ah, ¿en serio? ¿Es anaranjada?
  4. Las controversias por el estilo. En la academia, las mayúsculas son la divisa de la importancia. Los títulos se ganan con esfuerzo. Las pautas del Associated Press Stylebook son una abominación; las minúsculas son una señal de debilidad. Pero como dice Brian Doyle, editor de la revista Portland Magazine de la Universidad de Portland: "En nuestra revista, usted no es doctor a menos que haya extirpado un bazo, sacado un diente o curado una neurosis".
  5. El servicio postal de Estados Unidos. No se puede vivir con él; no puede vivir sin él. Sólo deposite el cheque, por favor.
  6. La injerencia de los altos mandos. ¿El editor todavía puede decidir? ¿Para qué me contrataron en primer lugar? Ah, ¿usted no quiere cambiarlo? Bueno, no importa.
  7. Las fotos de baja resolución. Sólo porque una foto de su celular se ve bien en su sitio web no quiere decir que la pueda usar en la portada.
  8. Doscientos correos electrónicos al día. Una amiga editora alguna vez bromeó diciendo que estaba esperando que esto de la Internet cayera en el olvido. Amén. ¿El mundo es mejor debido a la Internet? Quizá. Pero, ¿qué pasa con nuestra calidad de vida?
  9. Las "revistas Web". Esas cosas en las que se pueden cambiar las páginas son las peores, no son revistas ni sitios Web. Si debe prescindir de la impresión, por favor, utilice el nuevo medio al máximo; no trate de emular el medio anterior.
  10. Las revistas malas. Es fácil diferenciar a las buenas de las malas. Las revistas buenas son interesantes, emocionantes, atractivas, persuasivas, desafiantes y diferentes. Las malas son aburridas, apagadas, planas, simples, didácticas y predecibles. ¿Cuál prefiere leer?

Lo que echaré de menos

  1. Las revistas extraordinarias. Durante los últimos 3 años, fui parte del jurado para el premio Robert Sibley a la revista del año de CASE. Las mejores revistas están en la mesa. Me hace pensar porqué no hay más escuelas que emulen su gracia, estilo, lo incisivo de sus análisis y su belleza, que en conjunto presentan poderosos argumentos a favor de sus instituciones.
  2. Las historias. La vida es una narración. Desde el nacimiento hasta la muerte, desde el descubrimiento hasta las revelaciones, nos explicamos -junto con las ideas más grandiosas y las transacciones más sencillas- a través de historias.
  3. Las entrevistas. Las grandes entrevistas son conversaciones en donde el escritor y el sujeto llegan a entenderse. Escuche más de lo que pregunta y será recompensado no solo con información, sino también con respeto y, a menudo, amistad.
  4. CUE. Antes de que Beth Grubb y Dean Woodbeck iniciaran CUE, la lista de Editores de Colegios y Universidades, trabajábamos en solitario. Después, nos convertimos en una comunidad poderosa. Nada ha sido mejor para nuestra profesión.
  5. Las copias anticipadas. Incluso después de todos estos años, hay cierta emoción al abrir la caja y sacar el nuevo número, todo brillante y oliendo a la impresora. Si no se siente feliz cuando llega su revista, probablemente debería cambiar de profesión.
  6. Tomar riesgos. Mi primera portada como editor en jefe fue una foto de Andy Warhol que se veía muy femenino con una peluca rubia. La historia en el interior era sobre un serio estudio académico acerca del trasvestismo. El vicerrector se preocupó, pero le dije que todo saldría bien, y así fue.
  7. Las cartas del editor. Las mejores tienen palabras como escandalizado y consternado. Significan que la gente lee lo que usted publica.
  8. La gente creativa. Los escritores, fotógrafos, artistas y diseñadores talentosos hacen que los editores se vean bien, pero sólo si usted se lo permite. La creatividad es una forma de resolver problemas, así que lo mejor es plantear el problema y quitarse de en medio. Esto también funciona con el personal.
  9. Mi colegio, y también donde usted trabaja. Nuestras instituciones educan, nutren y cultivan el futuro. Están en el negocio de hacer cosas positivas para el mundo, y eso hace que sea más fácil levantarse por la mañana.
  10. CASE. Mi participación en CASE ha sido una de las partes más satisfactorias de mi carrera. He hecho grandes amigos y he aprendido cómo hacer mi trabajo de manera más eficiente a través de conferencias, en especial en el Editors Forum. Además, he encontrado maneras de retribuir a mi profesión hablando, enseñando y ofreciéndome como voluntario. Inténtelo.

Por supuesto, en mi papel de editor de libros, no tengo que renunciar a las cosas buenas, y probablemente no me escaparé de las cosas fastidiosas. Una de los cosas que he aprendido es seguir avanzando, dejar atrás los problemas de ayer y buscar las emociones del mañana. Aun así, creo que abrir la última caja del Swarthmore Bulletin será un momento agridulce.

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